
Comer también es aprender
Orientaciones ante el rechazo de sólidos, las arcadas y las dificultades recurrentes durante las comidas.
Leer la guía Comer también es aprender →Un puré bien fino se toma sin pensar. El primer grumo pide un trabajo nuevo: localizarlo, moverlo con la lengua y decidir qué hacer con él. Por eso cuesta.

Es tentador quedarse en el puré liso porque funciona y evita el conflicto. El problema es que mantenerse ahí mucho más allá de los 9 o 10 meses se asocia a más rechazo de texturas más adelante, porque la boca no practica.
La ventana en que los niños aceptan texturas nuevas con más facilidad es limitada. No significa que después no se pueda: significa que después cuesta más y hace falta más acompañamiento.
La idea no es cambiar de textura de golpe, sino mover el listón muy poco a poco, de manera que casi no se note.
Un niño cansado o con demasiada hambre no es buen candidato para probar nada nuevo. Tampoco ayuda una mesa con pantallas, prisa o varias personas animándole a la vez.
Comer en familia, ver cómo comen los demás y poder dejarlo cuando ya ha tenido bastante hace más por el paso de textura que cualquier técnica. Y si un día no sale, no pasa nada: se vuelve a probar otro día sin convertirlo en una batalla.
Si lleváis semanas probando y no hay ningún progreso, vale la pena mirarlo antes de que el rechazo se instale. A veces lo que parece una cuestión de carácter es una dificultad motora o sensorial que tiene explicación y solución.
Información general para orientarte. La valoración y las recomendaciones dependen de cada niño. Si hay una urgencia, llama al 112.

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